Un fragmento del diario de Amy (Perdida – Gillian Flynn)

Os dejo un fragmento del diario de Amy que me encanta (Amy es uno de los personajes de Perdida, de Gillian Flynn).
Aquellas que no se han “compañerodelalmatizado” -las que se han “conformado”- se muestran más desdeñosas aún con mi soltería: no es tan difícil encontrar a alguien con quien casarse, dicen. Ninguna relación es perfecta, dicen. Ellas, que han aceptado el sexo por compromiso y los pedos nocturnos, que han cambiado la conversación por la tele, que creen que la capitulación conyugal -sí, cariño; está bien, cariño- es lo mismo que la concordia. <> Dame un hombre que tenga redaños, un hombre que plante cara a mis chorradas. (Pero que a la vez aprecie mis chorradas.) En cualquier caso, no me hagas caer en una de esas relaciones que se pasan la vida chinchándose, disfrazando los insultos de bromas, poniendo los ojos en blanco y discutiendo <> delante de los amigos con la esperanza de ponerlos de su parte en una discusión que no podría importarles menos. Esas espantosas relaciones de “si”… Este matrimonio sería estupendo “si”… Y notas que la lista de “si” es mucho más larga de lo que cualquiera de los dos es consciente.
De modo que sé que hago bien en no conformarme, pero eso no hace que me sienta mejor al ver cómo mis amigas se van emparejando mientras yo me quedo en casa los viernes por la noche con una botella de vino y me preparo una cena extravagante y me digo: <>, como si estuviese saliendo conmigo misma. Mientras encadeno interminables rondas de fiestas y noches de bares, perfumada, enlacada y esperanzada, dando vueltas alrededor del local como un postre dudoso. Tengo citas con hombres agradables, atractivos e inteligentes; hombres a priori perfectos que hacen que me sienta como si estuviese en una tierra extraña, intentando hacerme entender, intentando darme a conocer. Porque ¿acaso no es esa la esencia de toda relación? ¿Ser conocida por el otro, ser comprendida? Él sí que lo “pilla”. Ella sí que lo “pilla”. ¿No es esa la frase mágica y sencilla?
De modo que sobrellevas la velada junto al hombre a priori perfecto, su tartamudeo cuando no entiende los chistes, cada vez que malinterpreta o se le escapa uno de tus comentarios jocosos. O quizá comprende que has hecho un comentario jocoso, pero, inseguro de qué hacer con él, lo retiene en la mano como si fuera una especie de flema conversacional que se te hubiera escapado y que después se limpiará con la servilleta. Pasáis otra hora más intentado encontraros mutuamente, reconoceros en el otro, y bebes un poco más y haces un esfuerzo ligeramente excesivo. Y vuelves a casa donde te aguarda una cama fría y piensas: <>. Y tu vida es una larga sucesión de agradables.
Y entonces te topas con Nick Dunne en la Séptima Avenida mientras estás comprando una rodaja de melón y… pam, sabéis quiénes sois, os reconocéis mutuamente. Compartís el mismo criterio sobre qué cosas merecen la pena ser recordadas. (<>) Tenéis el mismo ritmo. Clic. Simplemente os conocéis el uno al otro. De repente lo ves: “leer juntos en la cama y crepes el domingo y reírnos de nada y su boca sobre la tuya”. Y todo ello queda tan sumamente por encima de lo agradable que sabes que nunca podrás volver a conformarte con eso. Así de rápido. Piensa: <>.
¿Hay algún fragmento en especial que os guste a vosotros de algún libro? 🙂

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