Leyendo a Rosa Montero

Fragmentos de El amor de mi vida de Rosa Montero:
“Los clásicos, pues, son esos libros inabarcables y tenaces que, aunque pasen las décadas y los siglos, siguen susurrándonos cosas al oído. ¿Y por qué la gente los frecuenta tan poco? ¿Por qué hay tantas personas que, aún siendo buenos o buenísimos lectores, desconfían de los clásicos y los consideran a priori demasiado esposa, aburridos, ajenos?
Axioma número dos: respetamos demasiado a los clásicos, y con ello me refiero a una actitud negativa de paralizado sometimiento. Yo no creo que haya que respetar los libros. Hay que amarlos, hay que vivir con ellos, dentro de ellos. Y pegarse con ellos si es preciso”.
“La novela es el género literario que más se parece a la vida, y por consiguiente es una construcción sucia, mestiza y paradójica, un híbrido entre lo grotesco y lo sublime en el que abundan los errores”.
“Autores maravillosos de siglos pasados se han perdido probablemente para siempre, y el proceso de destrucción de la memoria literaria se va acelerando cada día en progresión geométrica, porque hay demasiado ruido informativo, porque se editan demasiado libros, porque la vida va demasiado deprisa. Los autores muertos se borran de nuestro recuerdo como dibujos en la arena que las olas deshacen”.
“No todos los clásicos tienen que encantarnos y n todos los libros supuestamente menores son malos. Es más, a veces un libro simplón y comercial nos puede gustar hasta el delirio. Esa es la maravillosa magia de la lectura, que hace que el lector complete de algún modo la obra que lee con su imaginación, su sensibilidad y su circunstancia. Y así, a todos nos h sucedido alguna vez que un texto de indiscutido prestigio se nos antojó un enorme pestiño, o que una novelita ampliamente denostada nos proporcionó unas horas felices. Incluso conozco gente que se avergüenza de decir que disfrutó con según qué libros. Ocultan los títulos como quien oculta un amante socialmente abominable. Claro que esos libros en la frontera de la pura y simple comercializad, las obras llamadas de entretenimiento, casi nunca suelen ser novelitas. Quiero decir que, por lo general, son volúmenes muy gruesos. De centenares y centenares de páginas. Lo cual forma parte de la estrategia de mercado de los bestsellers. Ya se sabe que bestseller quiere decir <>, pero en realidad es un género literario, como las novelas románticas, o polacas, o de terror. Es un texto escrito con la única intención de vender en abundancia, y hay que decir que muchos no lo consiguen. O sea: hay muchos bestsellers que no venden un pimiento. En cualquier caso, las reglas del género son simples: primero, un betsellerista de pro siempre escribe la misma novela, con pequeñas variaciones de la trama pero idéntica estructura, ritmo e ingredientes; y segundo, escribe libros gordos. Porque la clave de su éxito está en que el comprador sepa perfectamente lo que va a encontrar antes de leer el libro, y en que sienta que por su dinero recibe un buen pedazo, una ración generosa. Nada de sorpresas desagradables, nada de ese temblor, esa revelación y esa inquietud que a veces produce la literatura. Medio kilo de lo mismo, por favor.
Lo cual tampoco está mal. No seré yo quien denueste los bestsellers, en primer lugar porque a veces se necesita la pura distracción, pero también porque algunos están muy bien escritos y dan algo más. O tú lees en ellos algo más”.
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4 pensamientos en “Leyendo a Rosa Montero

  1. Tremendamente cierto tu post. Borges decía que “de todos los instrumentos del hombre, el libro es sin dudas el más asombroso”. Pero no porque un libro sea un bestseller significa que es el mejor. ¡Larga vida a los clásicos!

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  2. Amo leer. Desde que empecé no he podido parar. En mi historial de lectura se encuentra una amplia gama de colores y géneros, entre ellos, mi placer culposo: Los bestsellers románticos. Lo gracioso es que ni siquiera los considero “literatura” lo cual es un error puesto que lo son. Si, ya se, son siempre iguales (muchos de ellos machistas hasta las orejas), pero yo se que lo son y los juzgo y critico como se lo merecen. No por eso dejan de gustarme. Algunos son inaguantables; demasiado machistas, demasiado dramáticos y llorones por nada. Son esos los que detesto. Pero hay algunos que me encantan por ser ligeros y divertidos ademas de tener un romance sano e inocenton (aunque siga siendo un relato “plantilla” que solo varía en nombres de personajes). Son estas noveluchas románticas las que le dan a mi cerebro un poco de descanso ya que soy muy exigente con mis lecturas: tienen que ser complejas! y, vamos, no se puede vivir solo de reltos complejos y “serios”, aunque tampoco puedo dejar de leer un solo día. Paradojicamente, no aplico esta regla al bestseller romantico. Que puedo decir? amo leer, ya sea un gran relato merecedor de todo premio a la literatura habida y por haber, hasta las novelas románticas de Julia Quinn que solo sirven para nivelar la pata corta de la mesa

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  3. Es cierto yo mismo he experimentado que un libro comercial me haya llevado a vivir experiencias muy agradables y me ha sorprendido bastante y como tu dices la lectura depende de diversos factore propios como lo es el estado de ánimo

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